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Blanco oscuro casi negro I

Una copiosa y abundante lluvia caía sobre las calles de la ciudad y sobre la cabeza de nuestro querido y empapado protagonista. No le causaba muchos problemas, tan solo el hecho de tener que caminar con algo más de cuidado del que normalmente solía hacerlo, dado que los adoquines mojados de esta pequeña, estrecha y céntrica calle peatonal de la capital resultaban ligeramente resbaladizos y cuanto menos un tanto preocupantes ya que a nadie en su sano juicio le apetece rebozarse en el fango de una avenida empapada mojándose la chaqueta, el pantalón o cualquier tipo de ropa que uno guste de llevar puesta. Por lo demás el nerviosismo del que hacía gala nuestro buen amigo mitigaba cualquier otro efecto pernicioso que el líquido elemental nos pueda producir a la hora de regar nuestras preciadas cabelleras. Esto se notaba en su compulsiva forma de morderse las uñas y lo despellejados que se encontraban los dedos alrededor de esta increíble y útil formación calcárea que todos hemos utilizado en algún momento para limpiar algún recóndito agujero de nuestro bien amado cuerpo. También debo decir que fumaba compulsivamente y ya se había metido entre pecho y espalda la gran parte del paquete de tabaco que se le ocurrió comprar unas cuantas horas antes de los hechos que ahora mismo, y con gran placer, estoy relatando a todos aquellos lectores ávidos por saber lo que el futuro le puede deparar a la estrella de este corto pero intenso, y un poco extraño, he de reconocer, relato. Mientras intentaba darle una y otra calada al cigarrillo húmedo del que hacía uso, la mano le temblaba profusamente y le dificultaba en exceso una tarea que acostumbraba a realizar a cualquier hora y en cualquier lugar, lo cual no es muy legal teniendo en cuenta las nuevas leyes antitabaco que imperan en este soleado y bonito País. Bien es cierto que en lo que a temas relativos a la legalidad y a la acción de inhalar humo Joan, que así se llama nuestro protagonista y sabe tan solo Dios porque no lo habré dicho antes, no ejerce sus obligaciones tal y como un buen ciudadano lo haría. Ahora mismo agradecido dejaría de hacer, o al menos de intentar realizar, círculos con el humo del tabaco, lo cual resulta bastante complejo teniendo en cuenta la cantidad de agua que se desprende del cielo y el viento que surca impasible las calles de la ciudad, para pasar ha hacerlos con un cigarrillo hecho de algún producto como la marihuana o alguno de sus múltiples derivados. Del cual me veo en obligación de comunicar que yo habitualmente solía utilizar y que ahora y muy a pesar mío tan solo puedo catar en muy pequeñas y contadas ocasiones, pero creo que esto no viene ahora al caso. A pesar de todo su nerviosismo y la presión que sentía en su pecho proveniente de la negra chaqueta que usaba, parecía un hombre normal y corriente, su gesto era igual al que podía tener en cualquier otro momento de su vida diaria como por ejemplo el que gastaba a la hora de freír un par de huevos en su vieja y bastante sucia cocina, exceptuando, claro está, que a alguna gotita juguetona de aceite hirviendo le diese por saltar de la sartén en la cual reposa dorando los huevos y fuese a parar a cualquier centímetro de la piel blanquecina y sensible del ya hartamente mencionado caballero que nos acompaña a través de estas líneas de texto. Observemos que su pelo es moreno y lacio y sus ojos a juego también negros. Es graciosa la mala jugada que me ha hecho mi cerebro a la hora de describirle ya que tenía intención de convertirle en un hombre atractivo y de buena planta, y al final traicionado vilmente por esta masa grisácea que rellena, a veces creo que vanamente, mi cabeza, he acabado describiéndole tal y como yo veo a ese extraño ser que se me presenta frente al espejo todas las mañanas con cara somnolienta y expresión desconsolada por haber dejado la cama en la que tan a gusto se sentía. Querido lector, tampoco deseo yo que se crea usted que soy un hombre feo, porque en mi mayor gesto de humildad tampoco puedo calificarme con semejante adjetivo. Bien es cierto que tampoco puede decirse de mi que sea un modelo, uno de esos mister o un atractivo actor, pero mujeres con las que disfrutar nunca me han faltado, y algún que otro halago de vez en cuando, tampoco. Se que sonara extraño que me esté describiendo a mi mismo en vez de pasar a hacerlo con mi amada invención literaria, pero como bien he dicho mi pequeño intelecto me ha jugado una mala pasada y ha hecho de Joan un fiel reflejo de mi persona. Aún recuerdo y creo que nunca olvidaré una ocasión en la que una querida amiga mía, esta vez real, tuvo la graciosa idea de describirme con las siguientes palabras. Rubén, dijo, tu nariz es bonita, tus ojos son bonitos, tu boca también es bonita, no cabe ninguna duda que ante esas palabras de una mujer tan bella como ella mi orgullo se hinchaba de una forma desmesurada, lo cual provoca una mayor carcajada cuando en una vil y burda jugarreta me desinfló como un globito al cual acercas una aguja, tus facciones, tus pómulos, tus orejas, incluso tu pelo es bonito, siendo que ya es más que obvio que en un futuro aún no muy cercano estaré tan calvo como mi padre lo está en este preciso momento, pero cuando lo ves todo en conjunto, continuó diciéndome, no deja de ser gracioso observar como todas esas bonitas individualidades pierden ese efecto y dejan de ser algo tan agradable a la vista. Que injusta es la vida, ¿verdad?, aunque como dicen lo que fácil viene, fácil se va y como muchas otras mujeres no han sufrido esa sensación a la hora de mirarme, yo me quedo feliz y he de suponer que nuestro protagonista también. Porque en este mismo momento he decidido que él al igual que yo nunca ha tenido falta de amor ni de sexo, y que se quede bien enterada mi amiga para que en un futuro no tenga la deslenguada capacidad de hundirme de esa fastidiosa y lastimera manera.


Posted on 07/06/2006 6:03 AM Visits: 22
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ahhhhhhhh
Como gominolas
35 ... pobreza !!!
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